La calle Sierpes

Sería mas correcto el nombre de "Calle de la Sierpe", aunque en sus origines desde la reconquista por el rey San Fernando, se llamó "calle de Espaderos", por existir en ella un hospital y hermandad que construían espadas. Como calle de la Sierpe llegó a ser universalmente famosa a partir del siglo XV al constar en los relatos de obras de escritores de renombre como Cervantes (Comedia "El rufián dichoso") y otros. Exactamente no sabemos cuando se cambió el nombre. El ilustre Luis Montoto atribuye el nombre a que en esta calle residía Don Álvaro Gil de la Sierpe. También aseguraban que había una barbería-botica siendo la sierpe un símbolo usado de desangradores. Otra posibilidad, la existencia del Mesón de la Sierpe, etc. En todo caso era como hoy lo es, una de las calles mas concurrida por sus comercios y tratantes, así como calle de paso en pleno centro de la ciudad.

Lo que si destacaron fueron unos hechos ocurridos a finales del siglo XV. Periódicamente desaparecían niños no volviéndose a saber mas de ellos. Lo mismo desaparecían durante la noche en sus casas, que no volvía de sus juegos por la calle, lo que promovía todo tipos de supuestos e interpretaciones. Hasta que un día alguien alertó a don Alfonso de Cárdenas, Comendador de León, quien regentaba la ciudad por entonces. No quiso dar su nombre hasta estar seguro de una recompensa recibida por escrito, la de su libertad, don Alfonso de Cárdenas asintió y mandó al escribano a hacer su trabajo. Fue entones cuando dio su nombre y procedencia. Era Melchor de Quintana y Argüeso, bachiller en letras por estudios de Osuna (tercera universidad de España tras Salamanca y Sevilla), reo fugitivo condenado por participar en una rebeldía contra el rey obedeciendo a su señor el duque de Arcos quien le dejó en la estacada, fue detenido y trasladado de Marchena a la cárcel de Sevilla situada entonces en la misma calle Espaderos hoy Sierpes. Una vez huido de la cárcel mediante excavación aprovechó las galerías subterráneas con las que topó por casualidad. Estas galerías o cloacas recorren el subsuelo de la ciudad y datan de época romana y musulmana, y Melchor buscando la salida de la ciudad se encontró con el ladrón de niños.

Una vez firmado el documento de libertad, solo quedaba canjearlo por el autor de las desapariciones. Melchor aseguró que le mató dos días atrás en su huida de la cárcel y condujo a don Alfonso con su grupo de hombres armados, y una vez bajo la calle Espaderos encontraron muerto al ladrón de niños con una daga clavada hasta el puño. En efecto, era el causante de las desapariciones, restos de huesos desperdigados lo confirmaban. El monstruo era una serpiente del grosor de un hombre, cuyo cadáver fue expuesto en la misma calle Espaderos. De todos los barrios venían a verla, y en los relatos tanto se mentaba la calle de la sierpe que terminó por borrar en nombre anterior.

El bachiller Quintana se afincó en Sevilla, haciendo valer juntamente con sus letras su valentía, ocupando un puesto honroso que le dieron provecho y autoridad, y unos meses después se casó con una hija del mismo don Alonso de Cárdenas.

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