Andalucía en datos

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Arte

Andalucía

Con 8,4 millones de habitantes, 87.597 Km² y una densidad de población de 95,9 Hab/Km², Andalucía es la región más poblada de España y la segunda más extensa. Su superficie, que representa el 17,3% de la española, es similar a la de Austria y Portugal y mayor que la de países como Irlanda, Bélgica, Holanda, Dinamarca o Suiza. Cerró 2015 con una población de 8.381.213 personas, lo que supone un descenso de 17.830 personas, 9.354 mujeres y 8.476 hombres, respecto a 2014, en el que la población fue de 8.399.043 personas. Andalucía es la Comunidad Autonomica más poblada de España. La población femenina es mayoritaria, con 4.245.157 mujeres, lo que supone el 50.65% del total, frente a los 4.136.056 hombres que son el 49.34%. Andalucía presenta una densidad de población moderada , con 96 habitantes por Km², está en el puesto 8 de las Comunidad Autonomica en cuanto a densidad. Está integrada por las provincias de Almería, Cádiz, Córdoba, Granada, Huelva, Jaén, Málaga y Sevilla. Es doblemente ribereña del Atlántico y del Mediterráneo. La capital es Sevilla.

Geografía

Tres grandes unidades morfoestructurales conforman el relieve andaluz: al Norte, Sierra Morena, que marca el límite con el borde meridional de la Meseta; en el centro, el fértil valle del Guadalquivir, que preside la Baja Andalucía; y al Sur las cordilleras Béticas, en las que destaca la parte central de sierra Nevada, con algunos de los picos más altos de la península Ibérica (Mulhacén, 3.481m; La Veleta, 3.392m). En líneas generales, las porciones territoriales dominadas por estas cordilleras Béticas componen la Alta Andalucía.

La red hidrográfica gira en torno al Guadalquivir (657 km de long.) y sus principales afluentes: Guadalimar y Jándula (orilla derecha) y Genil (orilla izquierda). Otros ríos importantes que surcan la región son el Guadiana, el Odiel y el Guadalete. El clima es mediterráneo, de veranos secos e inviernos suaves, pero existen notables contrastes regionales: ejemplo de ello son la Costa del Sol, que tipifica un régimen climático subtropical, y la variedad ya subdesértica de Almería.

En el aspecto demográfico, la región andaluza es una de las que presenta mayor vitalidad en el contexto español. Prueba de ello es que, a pesar de haber registrado en los años sesenta una corriente migratoria cercana al millón de habitantes. (emigrantes desplazados a las regiones más industrializadas del país), es actualmente la primera comunidad autónoma española en población absoluta, con un crecimiento del 18,5 % entre 1970 y 1990 (17,1 % de media nacional). En los años ochenta se ha acentuado el contraste tanto demográfico como económico que existe entre el triángulo formado por el área industrial de Huelva-Cádiz-Sevilla y el área turística de la Costa del Sol, por un lado, y las áreas más deprimidas de sierra Morena y Andalucía oriental, por otro.

Región tradicionalmente agrícola, el campo andaluz ha sufrido durante siglos el peso de factores retardatarios no menos imputables a las deficiencias técnicas (falta de regadíos) que a las estructuras de propiedad de la tierra (dominio de los latifundios). Hoy en día, la agricultura ocupa al 18 % de la población activa y entre sus producciones (localizadas, sobre todo en la Baja Andalucía) destacan cultivos de tan antigua tradición como los viñedos u olivos, junto a otros más recientes y de mayor rendimiento como los de arroz y tabaco.

El sector industrial (23 % de la población activa) todavía se halla muy vinculado a la transformación de los productos agrarios (aceite, vino) y de la minería (Sierra Morena), y se concentra, sobre todo, en las ciudades de Sevilla (relanzada con la Exposición Universal de 1992), Huelva (industrias químicas), Cádiz (navales), Málaga y Córdoba.

El crecimiento del sector terciario que depende, en algunas zonas, más del boom turístico o de factores coyunturales (las conmemoraciones de 1992, religadas con la capital andaluza) que de una organización económica moderna, se manifiesta en el porcentaje de población activa que se integra en este sector (59 %). Una fuente notable de riqueza es la pesca.

Historia

En el segundo milenio a.J.C. los tartesos fundaron un poderoso estado en Andalucía que, con el paréntesis de la sumisión ante los fenicios (ss. X-VII, con su principal base en Gadir), dominaron hasta la llegada de los cartagineses (s. VI). Los griegos también alcanzaron las costas andaluzas y participaron del tráfico comercial de esta zona a través de varios enclaves (Mainake).

Tras la derrota de los cartagineses en la segunda guerra púnica, los romanos ocuparon las colonias, romanizaron el interior del país, y organizaron el territorio: la Bética y la Lusitania. En tiempos de Augusto, la Bética se convirtió en una provincia senatorial con la capital en Córdoba y con una economía basada en la explotación de la minería y el cultivo de la vid y el olivo. El dominio visigodo estuvo caracterizado por las rivalidades internas, de las que se sirvieron los árabes para conquistar rápidamente no sólo la antigua Bética romana, sino toda la península Ibérica a partir de 711. La reconquista del territorio por parte de los reinos cristianos se prolongó hasta finales el s. XV y dio lugar a uno de los fenómenos claves de la historia andaluza: la distribución de la tierra en grandes latifundios. En 1609 se decretó la expulsión de los moriscos.

Desde la conquista de América, Sevilla se había enriquecido con la obtención del monopolio del comercio americano, pero la riqueza de las oligarquías mercantil y latifundista contrastaba con la miseria y el hambre del campo andaluz. En 1649 la peste provocó 60.000 muertos en la ciudad de Sevilla. Hacia 1650 el monopolio sevillano entró en decadencia, y en 1717 se trasladó definitivamente a Cádiz, que se convirtió en el primer puerto comercial con América.

A fines del s.XVIII los ilustrados se preocuparon por la situación agraria andaluza, pero los intentos reformistas, como la repoblación de Sierra Morena, impulsada por Pablo de Olavide (1767), fracasaron. Mientras que las ciudades andaluzas (Cádiz, que acogió las primeras Cortes españolas en 1812, Sevilla, Granada, Málaga y Córdoba) se convirtieron en núcleos liberales, el campo se vio dominado por el fenómeno del bandolerismo

Desde mediados del s. XIX en el campesinado andaluz prendió la doctrina anarquista, que defendía el reparto de tierras como remedio a los males del campo. Desde 1882 en la zona de Jerez se desarrolló un movimiento que defendió el uso de la violencia. La existencia de la organización «Mano negra» no está del todo comprobada, pero sirvió de excusa al Gobierno para reprimir el movimiento anarquista andaluz. El motín de Casas Viejas (1933) mostró el descontento del campesinado por el moderado intento de reforma agraria de la segunda república (1932), cuyo Gobierno autorizó en esta localidad una sangrienta represión. No hubo grandes campañas militares al estallar la guerra civil española (1936-1939), pero sí una durísima represión durante el avance de las tropas nacionales, especialmente en Málaga y Granada. La situación económica andaluza siguió en los mismos términos de atraso y subordinación a los intereses latifundistas. Hubo unos tímidos intentos de industrialización en Cádiz y Sevilla y una ligera mecanización en el campo, pero durante décadas la solución a los problemas sociales fue la emigración hacia Cataluña, el País Vasco o Europa occidental. Desde 1981 el Gobierno autónomo de la Junta de Andalucía ha sido controlado por el PSOE. Pese a las grandes inversiones estatales, especialmente en 1992, la tasa de paro es de las mas altas de España.

Arte

Andalucía ha desempeñado un papel de primer orden en el desarrollo del arte español. Se han conservado pinturas y grabados rupestres de las poblaciones que la habitaron en el Paleolítico superior (cueva de la Pileta, Málaga). Con posterioridad, en la zona de Almería (Los Millares), se creó una cultura neolítica; los monumentos megalíticos andaluces son los más importantes de España (Antequera, Trigueros).

Los fenicios, los griegos y los cartagineses no dejaron una huella artística demasiado profunda. Ahora bien, la presencia romana supuso una transformación decisiva de la región, como lo atestiguan los restos conservados (Itálica, Carmona) y la elevada cultura del país.

Con la invasión musulmana (711) se inició un espléndido capítulo para el arte andaluz (arte hispanomusulmán), iniciado con la mezquita de Córdoba. A la dominación almohade (s. XII) corresponde la Giralda. Con posterioridad, tomó fuerza una reacción del estilo propiamente andaluz con el arte de los nazaríes granadinos (Alhambra), foco creador que presionó sobre el arte de casi todas las regiones españolas y que dio origen al arte mudéjar (alcázar de Sevilla). Las circunstancias históricas hicieron que los estilos románico y gótico tuvieran escasa incidencia.

En el s. XV, por influencia del arte flamenco, la pintura y la escultura atravesaron una brillante etapa. Con el descubrimiento de América, surgieron importantes focos artísticos en Sevilla y en Granada; la afluencia de las riquezas del Nuevo Mundo facilitó el desarrollo del Renacimiento andaluz, en el que destacan los arquitectos D. Siloé y P. Machuca y los pintores A. Fernández, P. de Campaña y F. Pacheco. Durante el s. XVII, el arte andaluz alcanzó su etapa de mayor plenitud: en arquitectura, de estilo manierista, sobresalen A. Cano y B.S. Pineda; en escultura, J. Martínez Montañés, A. Cano y P. de Mena; en pintura, orientada hacia el realismo, D. Velázquez, F. de Zurbarán, B.E. Murillo y J. de Valdés Leal. La pintura del s. XVIII fue un pálido reflejo de la del Barroco.

La arquitectura andaluza de los ss. XIX y XX tiene un marcado sabor regionalista (J. de Vargas, A. González). Entre los escultores de la transición del s. XIX al XX, merecen citarse M. Inurria y J. Cristóbal y, con posterioridad, J. Haro, A. Teno y M. Berrocal. La pintura del s. XIX, que evolucionó del costumbrismo al naturalismo, cuenta con obras de V. Bécquer, de J. Jiménez Aranda y de J. Romero de Torres. Al margen de la figura de P. Picasso, máxima aportación de Andalucía al arte del s. XX, los nombres más importantes de la pintura andaluza contemporánea son, entre otros, Francisco Mateos, Manuel Ángeles Ortiz, Rafael Zabaleta Fuentes y Jesús Caballero. De forma paralela, han aparecido importantes grupos de artistas en distintas capitales andaluzas: los Indalianos, en Almería, a cuyo frente figuró J. de Perceval, quien intentó enlazar con fórmulas artísticas y estéticas de épocas remotas del entorno del SE andaluz (cultura del Agar); los grupos Equipo y Espacio, en Córdoba, y el grupo de la facultad de Bellas Artes de Sevilla, constituido, entre otros, por A. Gavira, I. Barriobeña, J. Romero Escassi y F. Borrás.

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