Consciencia Histórica Andaluza
(Conocer y no olvidar para evitar que hechos como este no vuelvan a ocurrir)

 

La Batalla de Málaga

Es poco conocido este hecho que ocurrió durante la Guerra Civil Española. Parece ser que la humillante derrota de los republicanos (no lo olvidemos, defensores del estado legal existente entonces) ante los mal llamados nacionales (puesto que se levantaron en armas contra la legalidad vigente y por lo tanto eran los rebeldes) provocó no dar a conocer lo que ocurrió para no desmoralizar al lado republicano. Como consecuencia existe la falta de información fuera de Málaga, cuyos residentes, resistentes y habitantes fueron mártires cruelmente masacrados por la aviación fascista italiana y nazi alemana, así como la fuerza naval franquista que conjuntamente actuaron contra la población civil que huía por la carretera de la costa, sin necesidad de hacerlo y por placer, puesto que Málaga ya había sido tomada por el ejercito franquista.
A continuación destaco parte del relato referente y que puedes leer en su totalidad en este acceso

...En la mañana del 8 de febrero, los franquistas habían llegado a la orilla oeste del Jarama ... tras meses de bombardeo... Málaga caía en poder de los fascistas. Algunos milicianos, desconcertados por la derrota, sin llegar a comprender cómo no habían podido presentar la misma resistencia que Madrid, vagaban sin saber a dónde ir, cuando la huida ya era imposible, sin más horizonte que ser empujados contra las paredes y servir de diana a los “defensores de la justicia”, sin más delito que haber intentado defender al Gobierno legítimo, que tan poco les apoyó. Sin más juicio, sin más derechos.

La carretera de la costa se llenó de huidos, en medio de escenas dantescas. Al parecer Franco ordenó bombardearles. Se utilizó la aviación, que, tras descargar sus bombas, continuaban haciendo pasadas, en vuelo rasante, ametrallándoles, hasta agotar sus municiones. Dicha carretera, en muchos tramos, discurre acotada por un farallón rocoso, lo que imposibilita refugiarse o eludir la masacre. Y también la marina. En las zonas acantiladas, los buques se aproximaron tanto, que sus víctimas podían ver los saltos de alegría de los marineros, cuando sus obuses hacían “un buen blanco”, casi todos, a tan escasa distancia, que lanzaba muchos despojos humanos por los aires. Observaron que los impactos contra los farallones desperdigaban metralla y trozos de roca en un radio mayor, causando más muertos y heridos que los impactos directos.

...Eran casi doscientos kilómetros, llenos de curvas infinitas, desesperantes hasta para quien las recorre en vehículo, siguiendo hasta Almería, el refugio más cercano para tal masa humana, ya que Granada capital estuvo en poder del fascismo desde el primer momento. Durante la huida los más viejos, heridos, depauperados, sedientos o hambrientos, iban quedando en la carretera. Mujeres enloquecidas aún amamantaban los cadáveres de sus hijos. Cada vez que los buques y aviones cargaban su mortífera munición se repetían los ataques. Y, a cada uno de ellos, los niños se desperdigaban. Algunas personas los recogían, e incluso los criaron el resto de sus vidas. Otras, sin comida ni agua, ya exhaustos, no querían hacerse cargo de tal responsabilidad, que muriesen, unos u otros, tomados de la mano de los que no eran de su familia. Una madre asfixió a su hijo con su pecho, cuando un trozo de metralla, rebotado del farallón, le destrozó su cabeza, desplomándola sobre el. Algunos milicianos que aún conservaban algún arma, incapaces de soportar tales vivencias, se alejaron de la carretera para suicidarse. Sin posibilidad de ofrecer ayuda a tan inmenso enjambre humano, las casas y pueblos cerraban puertas y ventanas, tal vez temiendo que los asaltasen. O para no dejarse conmover por tales visiones. Muchas veces me he preguntado el motivo de tanta crueldad, que me parecía innecesaria, gratuita, sin otro fin que el disfrute del terrorismo. Por supuesto que la “justificación” esgrimida por los franquistas, de que no querían dejar escapar a los milicianos, que volviesen a combatir en otros sectores, es absolutamente insostenible: su número era ínfimo, más aún el de sus armas.

Lo demuestran las fotografías que se conservan de aquella tragedia. Los cercanos buques, y los aviones en vuelo rasante, podían diferenciar a la perfección la insignificancia de los posibles combatientes respecto de la colectividad masacrada. Mi respuesta, durante mucho tiempo, ha sido que se pretendía implicar a todas las Armas en la represión, que nadie pudiese quedar enteramente al margen de ningún colectivo implicado en asesinatos terroristas, abominando del comportamiento de los demás sediciosos. Quizás el sanguinario Mola hiciese algún comentario en tal sentido...

...contra la población indefensa, incluso en plena huida. Mientras tanto las tropas terrestres se encargaban de la represión directa. Según un informe del embajador británico a su Ministerio de Asuntos Exteriores, aunque en la tardía fecha del 31 de agosto de 1944, en la primera semana de “liberación”, se habían fusilado en Málaga 3.500 personas, y, en el tiempo transcurrido desde entonces, se condenaron a muerte dieciséis mil novecientas cincuenta y dos.

Actuó de fiscal franquista el diestro “Carnicerito de Málaga”, como se denominó a Carlos Arias Navarro, último Presidente de Gobierno del franquismo –lo que le permitió anunciar la muerte de Franco entre femeninos sollozos- y primero de la recuperada monarquía, de la que trató por todos los medios, incluso con todas las apariencias reformistas que fuesen necesarias, impedir que fuese democrática.

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